Abrazando la incertidumbre: “Una guía sobre el arte de perderse”

“Deja abierta la puerta hacia lo desconocido, la puerta hacia la oscuridad. Es de ahí de donde vienen las cosas más importantes, de donde tú vienes y hacia donde vas.”

Rebecca Solnit

Estoy echada en un sofá, dentro de una cabaña de madera en Montezuma, Costa Rica. Afuera llueve y algunas gotas encuentran su camino dentro de la cabaña y salpican mis pies. Todo está mojado: los troncos que conforman el techo dejan entrar el agua, mi cabello está humedo aún y el mullido sofá también. De hecho, siento que no he estado completamente seca en varios días. El wifi no llega hasta aquí y no hay nadie a la vista, sólo yo y un libro entre mis manos, un libro que ha doblado su tamaño y es ahora un contenedor de arena y agua de mar: Una guía sobre el arte de perderse de Rebecca Solnit.

Dejo el libro y miro por la ventana. “No es sobre perderse, es sobre intentar perderse a sí mismo”, escribe Solnit. ¿Estoy perdida? He intentado, creo, perderme en este viaje. Ahora no tengo mucho dinero y estoy en una pequeña isla sólo alcanzable por ferry. También estoy sola, pero no estoy perdida. Tengo un boleto de avión para regresar a casa. Mi madre, mi novio y mis amigas saben dónde estoy. Es más, vine aquí con una amiga, aunque no sé dónde está justo ahora.

“No se trata de perderse, sino de intentar perderse”. No me siento perdida, pero estoy abierta a la posibilidad de perderme. Pienso en esa frase mientras veo las gotas caer. Alguna vez sentí la necesidad de viajar para perderme — en montañas y lugares remotos, miles de kilómetros lejos de casa. Tiempo después quería viajar para encontrarme. Ahora pienso que son la misma cosa, viajo para que me pasen ambas. Pienso en algo que escribió Ralph Waldo Emerson: “El camino de la vida es maravilloso, es por abandonamiento”. Creo que entiendo a Emerson y comienzo a entender a Solnit. No estoy perdida aquí, pero estoy bien con la incertidumbre, no sólo aquí, sino en cualquier otro lugar.

“El mundo es azul en sus bordes y en sus profundidades. Este azul es la luz que se pierde. La luz al final del espectro no viaja toda la distancia desde el sol hacia nosotros. Se dispersa entre las moléculas del aire, se disipa en el agua. El agua no tiene color, el agua poco profunda parece ser del color de lo que está bajo ella, pero el agua profunda está llena de esta luz dispersa, entre más pura es el agua, más puro es el azul. El cielo es azul por la misma razón, pero el azul en el horizonte, el azul de la tierra que parece disolverse en el cielo, es un azul más profundo, fantasioso, melancólico, el azul en lo más lejano de los lugares que ves a millas de distancia, el azul de la distancia. Esta luz que no nos toca, que no viaja toda la distancia, la luz que se pierde, nos da la belleza del mundo, mucha de la cual es azul.”

Cuando regresé de Costa Rica, aún leía la Guía de Solnit. Pasé alrededor de cuatro semanas leyéndola, subrayando párrafos, releyendo algunas partes y leyendo otras en voz alta para mí y para otros. El libro no es sólo una impresionante obra de prosa— parte ensayo y parte memoir—, sino también una invitación sin fin, una caja china con miles de referencias a artes visuales, literatura, música y arquitectura.

El libro comienza con el aspecto físico de perderse, los orígenes y significados de la palabra para expandir su significado: perderse en el mundo, perderse dentro de uno mismo, perder a otros, perder cosas, perderse de otros. Pérdida, memoria, distancia, anhelo y ausencia son algunos de los temas del libro.

The blue of distance

Sonit argumenta que “es el trabajo de los artistas abrir las puertas e invitar las profecías, lo desconocido, lo extraño; es de ahí de donde viene su trabajo, aunque su llegada señala el principio del largo y disciplinado proceso de hacerlo propio […], [mientras los científicos] transforman lo desconocido en lo conocido, lo atrapan como pescadores, los artistas te arrojan al oscuro océano.” Y eso es exactamente lo que hace Solnit. Invitar es la palabra que usaría para describir este libro: es una invitación hacia lo desconocido y lo incierto en nuestras vidas, una invitación al abandomaniemto, a abrazar los muchos misterios del mundo. Una invitación también a aceptar y reconsiderar todos esos atributos de perderse que hemos considerado negativos, como la pérdida, la nostalgia, lo salvaje, el deseo y la distancia.

Una de las cosas que más disfruté del libro es cómo Solnit aborda y redefine palabras como anhelo, distancia y deseo. Estas palabras implican ausencia: anhelamos lo que no tenemos, medimos la distancia entre donde estamos y donde no estamos, y deseamos cosas que no poseemos. Solnit da a estas palabras un significado propio: “cuando todo lo demás se ha ido, se puede ser rico en pérdidas”. Ser rico en pérdida, rico en ausencias, en anhelos y deseo: no echar de menos, sino ser capaz de experimentar estas emociones como una parte inherente de ser humanos.

“Me pregunto algunas veces si con un pequeño ajuste de perspectiva, [el deseo] podría ser apreciado como una sensación en sus propios términos, pues es tan inherente a la condición humana como el azul a la distancia. ¿Podríamos mirar a través de la distancia sin desear acortarla, podríamos apropiarnos delanhelo en la misma forma en que nos apropiamos de la belleza de aquel azul que nunca puede poseerse? Porque algo de este anhelo, como el azul de la distancia, sólo puede ser reconocido, no saciado, por adquisición y llegada, sólo como las montañas dejan de ser azules cuando estás entre ellas y el azul ahora tiñe lo que sigue delante. Aquí está el misterio de por qué las tragedias son más bellas que las comedias y de por qué nos da inmenso placer la tristeza de algunas canciones e historias. Algo está siempre muy lejos.”

Sólo si entendemos eso podemos empezar a abrazar el abandonamiento y la pérdida, y experimentar la dicha de aquellas ausencias que nos rodean. En el libro de Solnit es fácil ver las pérdidas y las ausencias como experiencias enriquecedoras: la naturaleza y lo salvaje, las labores solitarias como escribir, los riesgos de enamorarse, las ruinas en una ciudad, el color azul en la distancia, las partículas de luz que se pierden… todo esto nos permite perdernos, y perdernos no significa más que estar presentes y completamente conscientes, al menos temporalmente, de nuestro verdadero lugar en el mundo.

Solnit rastrea su concepción de la pérdida a Henry David Thoreau (“No es hasta que nos perdemos, en otras palabras, no es hasta que hemos perdido el mundo, que comenzamos a encontrarnos, y darnos cuenta de dónde nos encontramos y de la infinita extensión de nuestas relaciones”) y Walter Benjamin (“perderse estás completamente presente, y estar presente es ser capaz de estar en la incertidumbre y el misterio”).

Perderse, entonces, es sinónimo de encontrarse, y es sólo a través de experiencias límite —arte, amor, tristeza, viajes— que comenzamos a dislumbrar nuestro lugar en el mundo. Y en un mundo misterioso como el nuestro, eso significa aceptar que nuestro lugar es incierto, pero nunca insignificante; cambiante pero vital, conectado al todo. Este mundo nuestro está lleno de misterios y perderse significa aceptarlos todos, aceptar “que el mundo es salvaje, que la vida es impredecible en su bondad y en su peligro”, y el único modo de lograrlo es abandonándose al misterio.

“¿Será que la dicha que viene de otras personas siempre nos arriesga a la tristeza? Porque aún cuando el amor no falla, la mortalidad entra; ¿es que existe un lugar en donde la tristeza y la alegría no son distintas, donde toda la emoción yace junta, una especie de océano en el cual las corrientes tributarias de otras emociones desembocan, una corriente lejana y profunda?; ¿será que tal tristeza es sólo el efecto secundario de un arte que describe las profundidades de nuestras vidas, y verlo descrito en todo su potencial de soledad y dolor es hermoso?”

Leer Una guía sobre el arte de perderse fue una experiencia transformadora; es uno de los libros que más he disfrutado últimamente y quizás el que más he subrayado. Solnit entrelaza anécdotas, historia, crítica del arte y ficción de una forma impecable. El libro es un viaje alrededor de las pérdidas, su importancia y su papel tan necesario en un mundo donde se vuelve cada vez más difícil perderse.

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